miércoles 21 de diciembre de 2011
Sirena
Mi cabeza está a punto de estallar, han pasado muchas cosas que ni siquiera me puedo parar un momento a pensar qué está pasando. Es una cuestión de vida, suerte, acontecimientos o destino. No lo sé. Elijo hacer lo que me hace feliz: nadar. Esa actividad que hace que te pierdas en el azul y que brazada a brazada tu cuerpo se conecte con tu cerebro para seguir respirando y no caer ahogado. Eso es lo principal, a veces uno de tanto respirar se le hace común y mecánica esa capacidad de ingerir oxígeno. En la natación, el oxígeno es la gasolina y ayuda para ordenar los pensamientos. Lo anterior se me complica con lo que me ha ocurrido últimamente. Ha sido una época difícil de pérdidas y separaciones con leves intervalos de regresos y alegrías. Después, todo vuelve a la normalidad y sigue esa extraña noria de emociones. Entro en la alberca, me pongo mi gorro y mis lentes. Comienzo a nadar. Empiezo con el ritual de la brazada y la patada; la respiración y el movimiento de la cadera. Poco a poco me empiezo a liberar de mis pensamientos y todo se encamina a la respiración. Cuando estoy a la mitad de la rutina, mis pensamientos me vuelven a atacar y me preguntan mil cuestiones sobre mi vida, mi futuro y perspectivas laborales. Se me nubla la mente y pierdo la coordinación; me pregunto qué es lo que me pasa y cómo he dejado entrar a la angustia en la alberca. Retomo la actividad y prometo sólo concentrarme en las brazadas. Lo consigo y alrededor de los últimos cienes de mi rutina veo a mi compañera de carril. Mi vecina tiene una extraña manera de nadar. Pude observar previamente que realizaba una rutina, pero ahora está dando círculos en la alberca. Son como maromas que hacen que su figura me recuerde esas imágenes de hadas o ninfas jugueteando en algún edén. A la par que termina mi rutina, ella está de lo más concentrada dando piruetas y con sus brazos hace ondular el azul líquido. Quisiera saber qué es lo que piensa mientras da sus vueltas, por qué ríe cada que su rostro sale a la superficie y cómo le hace para que su cuerpo sea tan flexible. Decido salir de la alberca, pero la imagen de la mujer me sigue porque me contagian sus risas y su manera de disfrutar las cosas. Tan ligera y flexible.
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