miércoles 21 de diciembre de 2011
Eres como un ángel caído. Una imagen de un muerto más, otra vela que se apaga o la rama verde que es segada sin consideración. Las autoridades dicen que moriste en una manifestación de normalistas inconformes. Todo hubiera sido un día normal si no hubieras acudido a la protesta, pero así te toco terminar tu vida. Simplemente por estar ahí, en la fila de la protesta, reivindicando alguna causa y exigiendo mejorar las cosas. México así trata a sus jóvenes. Lo paradójico de la imagen de tu muerte es que estás acostado en medio de una carretera; la vía interminable está truncada porque tú estás acostado con un rictus sepulcral. Veo tus zapatos y son como los que usa mi generación. Tus tenis deportivos y el intrincado amarrado de tus agujetas ¿Cómo habrá sido esa última vez que hiciste el nudo de tus deportivas? Al final tu muerte me recuerda lo efímero y la fragilidad de mi vida. Por eso con tu muerte se va un poco de todos. La tristeza de saber que el carmín en los labios algún día puede ser sustituido por el morado que hace que te asemejes a una pintura renacentista, de esas que retrataban el martirio de San Sebastian o de algún otro santo joven con trágico final. Estás ahí acostado, insisto, como un ángel caído, pero la imagen es el colapso de la juventud, el estancamiento de la vida y el rojo de tu sangre ahora es lo único que destella en esa carretera oscura, empedrada y con señalamientos de rutas, salidas y acceso. Senderos que no podrás caminar, ni ver porque ya no estás con nosotros, pero ahí estás dejando tu imagen como una amarga despedida. Un cuerpo joven, con la cara al cielo y manos en el pecho.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada