jueves 29 de septiembre de 2011

Pequeña Maga

Acabas de llegar pequeña maga y sin más truco que una sonrisa nos has atrapado a todos. Eres la explicación a mis cuestionamientos sobre la divinidad de la concepción. Los ojos de este pagano siempre habían cuestionado el origen de las figuras de un niño dios en el rito católico. Siempre se me hizo extraño ver tanta admiración por la imagen de una virgen con un niño. Bueno, ahora que estás con nosotros entiendo mejor el significado de ese símbolo: la divinidad es un milagro y por eso es un bebé. Tú andas muy chiquita en este mundo tan enorme y desafiante. Uno lo único que puede hacer es abrazaste y oler un poco tu fragancia. Te abrazo y no me siento tan digno de cargarte. Antes de tu llegada, ahijada mía, mi vida era más bien de protesta, pero te veo, te huelo y te admiro, y no me queda más que admitir que tú eres un milagro y que Dios contigo dio una muestra de su maestría y la infinidad de su amor. Derrumbas mi solemnidad y mis aburridas letras con una trompetilla y un pellizco. Me despiertas de esta contemplación que hago de tu nívea cara y decido abrazarte con estos brazos cansados de tanto luchar en mil batallas perdidas. Me sonríes y me haces una mueca como si me quisieras hablar. Insisto, eres una pequeña maga y tu hechizo es lo más dulce que me ha pasado desde hace mucho. Me vuelves a despertar, pero ahora con tus risas que son tan puras, sinceras y contagiosas. Es música, la melodía perfecta para la niña que tendrá mi amor incondicional y eterno. Gracias por llegar con nosotros.