domingo 31 de julio de 2011
Pequeña
Aquí estoy, boca abajo en la alfombra. Me dice el instructor que tengo que poner mi cuerpo recto con el piso. Me cuesta trabajo mantenerlo en línea recta. Ahí estoy, lo intento, volteo y veo hacia el espejo, y ahí está ese ser humano de 30 años. Un poco más viejo cada día, pero con una vitalidad que me despierta cada mañana de un salto de la cama. Intento mantener 15 segundos mi cuerpo en balance con mis piernas y me cuesta mucho trabajo. Mis manos tiemblan, mi espalda es como un puente romano a punto de deshacerse. Súbitamente pienso en ti pequeña mujercita. Me da un poco de risa que estoy haciendo los ejercicios que haces cada mañana. Tan pequeña y con tanta fuerza. Mientras me veo en el espejo tratando de romper la rutina, te recuerdo enfundada en tus trajecitos que guarda tu cuerpo de estreno. Tu apariencia terrenal que sólo es superada por ese aire de buda milenario que tienes cuando miras fijamente a tu alrededor. ¿Cómo veras el mundo? Trato de imaginar todo el esfuerzo que haces para dar vuelta a tu pequeña humanidad. Yo tengo 30 años y aún me cuesta alinear mi espalda con mis piernas. Mi frente suda, mis piernas no me responden y la respiración me falta. Me agoto, mi esfuerzo no rinde y dejo caer mi cuerpo sobre la alfombra. Sin embargo, te vuelvo a recordar. Ahora te pienso riendo, soltando manotazos y mirando este antiguo mundo con tus diminutos ojos. Otra vez tengo energía con tu enseñanza de aprender a vivir cada día y disfrutarlo como algo nuevo. Incluso disfrutar la certeza de saber que a pesar del tiempo terrenal, a veces el cuerpo no responde como quisiéramos. Pero eso no importa, lo realmente necesario es vivir paso a paso, y con esas ganas que tienes tú, semilla de rosal, de sonreír al nuevo día en donde siempre estás descubriendo cosas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada