

Haciendo un análisis de las películas que más me gustan de ciencia ficción hay dos que están entre mis favoritas: las sagas de Terminator y Volver al Futuro. En ambas películas el tiempo y su maleabilidad son protagonistas principales. En Terminator, el protagonista es el salvador de la humanidad porque puede regresar al pasado para proteger su existencia para el futuro. En Volver al Futuro, Marty McFly salta entre pasado y presente para rescatar el destino de su familia. Entre ambas la diferencia es que mientras McFly pelea por salvar a sus cosanguíneos, John Connor lucha para mantenerse como el líder de una revuelta humana contra los robots. Sin embargo, insisto, en ambas el tiempo es el verdadero personaje principal. El celuloide cumple el sueño humano de poder viajar en el tiempo y cambiar las cosas que no nos gustan. Incluso se plantea un posible caos por encuentros que cambian totalmente el rumbo de la humanidad: la famosa tangente pronosticada en las películas de Volver al Futuro por el Doctor Emmett L. Brown. Por esta situación, se genera un vínculo en común entre la película de Robert Zemeckis y de James Cameron: hay eventos aleatorios que podemos provocar que cambian para siempre el destino de la humanidad. Es el paraíso de Biff Tannen en la segunda parte de Volver al Futuro o es el futuro en el que las máquinas gobiernan el mundo. Entre futuro y pasado, el acto que cambia todo el escenario es el presente, y de manera ingeniosa todas las películas plantean la actualidad como el detonador de historias. Incluso es donde confluyen pasado, presente y hasta futuro: la escena de Volver al Futuro II en donde hay dos Marty McFly en 1954 que contribuyen al desarrollo natural de las cosas.
Entonces, la moraleja sería que sin tener una máquina del tiempo lo mejor que puede hacer uno es vivir el presente porque ahí es donde interactúan los fantasmas del pasado y las visiones del futuro. Aún me sigue costando pensar que en este momento pudiera tener otros dos solines interactuando y protegiendo mi camino de los avatares diarios. ¿Pero por qué no? Al menos hoy me consuela que la realidad en México siempre supera la ficción, y espero que esta vez no sea la excepción.
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